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lunes, 2 de septiembre de 2013

La Ley antilavado, y lo poco que se ha dicho.


por Eugenio Gómez-Chico B​

“Ahora resulta que si uso efectivo, soy sospechoso”

El 1° de septiembre resultó ser un día caótico para la Ciudad de México. Se nos juntaron varias marchas, manifestaciones, barricadas y actos de violencia en el marco de la entrega del Primer Informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Los ojos del país estuvieron en los eventos de urgencia, y pareciera que nadie se acordó que en esos mismos momentos estaba entrando en vigor el reglamento de la llamada Ley Antilavado (Ley Federal para la Prevención e Identificación de Operaciones de Procedencia Ilícita).

¿Pero en qué nos afecta dicha ley y reglamento? Nuestra libertad de comerciar será sujeta a fiscalización como nunca antes. A partir de ahora, si decides utilizar moneda de curso legal, acuñada por el Estado mexicano, podrías ser considerado sospechoso de lavado de dinero, por lo menos en suficiente medida como para que el gobierno haya considerado que es mejor revisar de cerca tus actividades. Así tal cual, utilizar monedas y billetes, pesos y centavos para ciertas transacciones y a partir de ciertos montos se ha convertido en actividad satanizada en nuestro país.

Por mencionar algunos ejemplos de las limitantes que impone esta nueva regulación se pueden citar los siguientes. En la compra de inmuebles está prohibido pagar y aceptar pagos en efectivo por más de  8,025 salarios mínimos (equivalentes a 519,699 pesos). En el caso de relojes, joyas, metales u obras de arte el monto está en 52,131 pesos. En la compra de vehículos el límite está en 3,210 salarios mínimos (207,879 pesos). El resto deberá ser pagado a través de otros medios, como son transferencias electrónicas.

Pero esto no es todo. La ley también obliga a los establecimientos a recabar datos de los clientes que realicen alguna de las “actividades vulnerables” y dar aviso de ello a la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Por ejemplo, en cualquier apuesta o sorteo a partir de 21,047 pesos el establecimiento deberá conservar copia de tu identificación oficial, y avisar a la SHCP a partir de 42,770 pesos. Lo mismo sucederá en cualquier prestación de servicios profesionales, y en cualquier servicio de construcción y desarrollo de inmuebles. Entre los datos que te solicitarán además de tu identificación están tu nombre, ocupación, y descripción de la actividad que estas realizando. Además, los montos no se refieren a operaciones individuales, sino que éstas son acumulables en períodos de seis meses, por lo cual el establecimiento deberá llevar registro de tus operaciones a través del tiempo, y aplicar la ley cuando sobrepases dichos montos.

El lavado de dinero es un problema grande al que se enfrenta no solamente el gobierno de México, sino la comunidad internacional en general. En este sentido, la intención de la ley de prevenir y combatir esta práctica no me parece mala. Lo que me parece reprobable es la solución que proponen, la cual considero será poco efectiva.

Siendo realistas, aquellos que se dedican a actividades como el lavado de dinero conocerán esta ley y encontrarán muchas maneras, como lo han venido haciendo hasta hoy, de seguir dando la vuelta a las regulaciones y lograr sus objetivos. Mientras tanto, quienes verdaderamente nos veremos afectados somos los ciudadanos que comenzaremos a tener expedientes con nuestros datos, actividades e información personal en manos de entidades privadas y públicas, en las que quizá no confiemos del todo.

En esta ocasión hemos perdido una batalla más en el campo de las libertades individuales. Es solamente una batalla, y aún hay mucho por hacer. Lo verdaderamente preocupante es que la población parece no darse cuenta, y aquellos que se dan cuenta pareciera no importarles.

miércoles, 14 de agosto de 2013

101 años de Milton Friedman y su legado para la libertad del mundo de hoy


por Daniela E. Rodríguez

Inspirada por la exitosa celebración continental del 101 aniversario del nacimiento del Premio Nobel de economía Milton Friedman, organizada por la Fundación HACER con el apoyo de la Friedman Foundation for Educational Choice, me fueron surgiendo distintas preguntas relacionadas al mundo de hoy. Entre ellas: ¿Si las políticas propuestas por el referido economista han sido tan efectivas, por qué ha sido tan cuestionado su trabajo hasta el día de hoy?, ¿Por qué se cuestionará tanto su paso por  Chile si este país se ha convertido en el más desarrollado y libre de toda América Latina? Y finalmente, la duda que realmente me ha dejado pensando durante unos cuantos días, es: ¿Qué hubiese dicho Friedman si hubiera visitado la Argentina de hoy?

En relación a la primera pregunta, me ha quedado claro que la amplia mayoría de los ataques dirigidos hacia Friedman, no han logrado superar el terreno de lo personal. La solidez de sus argumentos y la inusual capacidad de debatir del economista norteamericano, imposibilitaron que fuera de otra forma. Una clara muestra de lo dicho es el programa especial que el periodista uruguayo Víctor Hugo Morales le dedicó a Milton Friedman en la televisión argentina desde su producción Bajada de línea, programa nro. 152 de Enero de 2013. Durante el mismo, se presentó a los televidentes una visión carente de toda objetividad periodística, donde se intentó atacar al economista como persona, intentando vincularlo a supuestas propuestas “neoliberales” que no guardan relación alguna con la escuela de Chicago, y realmente no se esgrimió ningún argumento económico contra sus propuestas. Si el análisis se hubiera centrado en evaluar la efectividad de sus propuestas económicas, habría sido realmente difícil criticarlo.

En relación a la segunda pregunta, hoy en día Chile se ha convertido en el país más desarrollado y libre de toda América Latina. El prestigioso Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation de Washington DC, confecciona un ranking que analiza un total de 180 países del mundo, ubicándose en los primeros puestos aquellos países con mayor libertad económica y en los últimos puestos, aquellos países con menor cantidad de ésta. Chile ocupa el merecido puesto número 7 de todo el ranking, convirtiéndose así en el país más libre de toda la región. En contraposición, Venezuela ocupa el puesto número 174 y Cuba el puesto número 176. Argentina, nuestro país, se encuentra en el lamentable puesto número 160 y empeorando cada año. La conclusión final del ranking es que aquellos países con mayor libertad económica, son países donde los niveles de pobreza son más reducidos. Ninguno de los cuatro gobiernos de izquierda que administraron Chile luego de la era Pinochet, se atrevieron a dar marcha atrás a las políticas económicas aplicadas por los Chicago boys de Friedman.

Llegamos entonces a la tercera y más compleja pregunta. ¿Qué nos hubiese recomendado el Premio Nobel si hubiera visitado la Argentina K de hoy? Sería bastante difícil que Friedman comprendiera cómo los argentinos hemos permitido que se llegue a la insostenible situación económica actual, pero haremos el intento de contrastar las principales políticas económicas impuestas desde el sillón presidencial y los grandes postulados que el mundo ha heredado del gran economista.

Durante los últimos diez años, el gobierno K ha venido aislando nuestra economía del resto del mundo, desperdiciando así un momento único de bonanza económica para el principal sector de nuestra economía, el primario, y privando a nuestros consumidores de beneficiarse de las ventajas comparativas – léase acceso a productos de menor precio – de otros países y ahorrando a nuestros empresarios la necesidad de eficientizarse. La escuela de Chicago no sólo promueve los beneficios de la apertura económica para alcanzar un desarrollo sostenido, sino que sus seguidores lograron abrir con gran éxito y de manera unilateral, las fronteras de Chile a todos los productos provenientes del resto del mundo.

Probablemente, al célebre economista norteamericano le parecería insólita la manera en que el actual gobierno ha logrado ahogar con sus canibalescas políticas recaudatorias, las que otrora fueran importantes industrias: la ganadera y la cerealera, por ejemplo – que nos llevó en su momento a ganarnos el título de “granero del mundo” – mientras que hoy los argentinos debemos importar trigo para satisfacer la demanda interna de pan. Por el lado del gasto, si Friedman pudiera analizar de cerca los detalles relacionados a la batería de subsidios, estatización de empresas y costosísimos planes sociales que la administración K ha puesto sobre los hombros de los contribuyentes argentinos, realmente se escandalizaría. “No existe tal cosa como un almuerzo gratis” fue la máxima de Friedman que refutó la existencia de los servicios públicos “gratuitos” y que llamó a mantener  minimizado el tamaño del gasto público.

Indudablemente, nuestro homenajeado se hubiera quedado perplejo si hubiese escuchado a Cristina Fernández de Kirchner – y a una de sus cómplices, Mercedes Marcó del Pont, actual Presidente del Banco Central de la República Argentina – afirmar que la emisión monetaria no guarda relación alguna con la inflación. Recordemos que fue Friedman quien estableció un postulado fundamental al respecto: “la inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario”. Si el genial economista estuviera equivocado, los gobiernos de los países pobres del mundo podrían emitir una gran cantidad de moneda y repartirla entre todos sus ciudadanos, acabando de ese modo con la pobreza de una vez y para siempre.

Conociendo el monumental legado de nuestro visitante en el ámbito  educativo, seguramente se hubiera interesado en conocer las características de nuestro sistema escolar. Aquel sistema que tiene la responsabilidad de capacitar a los más jóvenes para alcanzar el éxito laboral, e idealmente prepararlos para elegir en el futuro a quienes administren mejor nuestro país. Y quizás en este terreno se encontraría con la mayor desilusión: no sólo no hay ningún tipo de debate constructivo en relación a la calidad de nuestra educación, a la capacitación de los docentes, o a la posibilidad que los padres puedan optar por pagar colegios privados con fondos públicos – los exitosos vouchers educativos cuya utilización propuso el Nobel – sino que el actual gobierno ha logrado manipular el contenido de los planes de estudio para diseminar un discurso único apuntado a demonizar la economía de mercado, la libre empresa, las instituciones democráticas, a acabar con todo rasgo de educación cívica y a alimentar un malintencionado revisionismo histórico, con el objetivo de producir generaciones enteras de jóvenes que no vean la necesidad de cuestionar los atropellos de los que somos víctimas e incapaces de evitar que el actual gobierno se eternice en el poder.

Comprendiendo la importancia de las contribuciones de Milton Friedman al ámbito de las políticas públicas exitosas, se puede entender claramente por qué regímenes autocráticos como la actual administración K en Argentina, acostumbrada a impulsar medidas populistas y a imponer todo aquello que el socialismo del siglo XXI le dicta desde el exterior, le tiene miedo a las enseñanzas del premio Nobel de economía 1976. Ya disipadas las dudas, promovamos su gran legado de libertad.

* Daniela E. Rodríguez es Licenciada en Ciencia Política egresada de la Universidad de Villa María en Córdoba, Argentina y colaboradora del equipo de investigación de la Fundación HACER de Washington DC.

Fuente: HACER

martes, 9 de julio de 2013

En defensa de la educación privada


Por Diego Sánchez de la Cruz

Carlos Alberto Montaner escribe sobre las quejas de los estudiantes chilenos. Como la cuestión es de relevancia para otros países iberoamericanos, cabe entender su defensa del lucro en la educación y de la educación privada en clave mucho más amplia, por lo que las lecciones de este artículo deben extraerse también en lugares como España, donde el debate está instalado en términos muy similares.

Los jóvenes demandan buenas universidades y enseñanza de calidad, pero no quieren pagar por esos servicios. Exigen que otros se los paguen (Eso siempre es estupendo). Tienen 18 años o más. Son mayores de edad. Pueden votar, elegir y ser electos, ir al ejército, casarse sin autorización de nadie, crear empresas, invertir, engendrar hijos a los que están obligados a cuidar, ir a la cárcel si cometen delitos, consumir alcohol o tabaco, pero suponen que la responsabilidad de pagar por su educación es cosa de otros. Son, o deben ser, adultos responsables en todo, menos en eso.

Realmente, es una conducta incoherente o, por lo menos, extraña. ¿Por qué el conjunto de la sociedad debe pagar los estudios universitarios de una minoría de adultos privilegiados que, a partir de la graduación, ganará una cantidad de dinero considerablemente mayor que la media de quienes no han pasado por esos recintos académicos? ¿No es una hiriente inmoralidad que los trabajadores de a pie paguen con sus impuestos los estudios de quienes luego serán sus jefes y empleadores?

Pero hay otra incongruencia todavía peor: los estudiantes universitarios chilenos pretenden que la educación no pueda ser objeto de lucro. Si Platón y Aristóteles hubieran ejercido su magisterio en el Chile de estos tiempos, y no en la Atenas de los siglos V y IV antes de Cristo, los hubiesen acusado de codiciosos explotadores por haber creado la Academia y el Liceo con el propósito de ganar dinero formando a sus alumnos.

Los estudiantes chilenos no advierten que están planteando un contrasentido. No hay nada moralmente censurable en el lucro. Lucro es sinónimo de logro, de misión cumplida. Si ellos quieren una educación de calidad, creativa, original, oficiada por profesores competentes, la mayor parte de las veces tendrán que atraer a los mejores con buena remuneración, con reconocimientos públicos y con posibilidades de enriquecimiento.

Hay algunos seres excepcionales, dotados de una intensa vocación, generalmente religiosos, dispuestos a enseñar por un plato de comida, una cama de tabla y dos palmos de techo, pero son pocos. A Einstein lo reclutaron en Princeton enviándole un cheque en blanco que él rellenó a su capricho.

¿Dónde está la falta en que unas personas decidan crear una empresa para vender enseñanza si hay otras criaturas dispuestas a pagar el precio que les piden para adquirir esos conocimientos? ¿Por qué es inmoral vender educación y no vender agua, comida, medicinas o zapatos, bienes, sin duda, más importantes para la supervivencia que los conocimientos universitarios?

El argumento de que las universidades privadas con fines de lucro a veces no tienen suficiente calidad y deben clausurarse carece de sentido. Tampoco cerramos los restaurantes malos con fines de lucro, y mucho menos los comedores populares, que suelen servir unos platos espantosos a los indigentes. ¿Por qué no permitir que los consumidores de esos servicios educativos decidan libremente con su dinero cuáles universidades triunfan y cuáles fracasan?

Hay algo terriblemente autoritario e hipócrita en el comportamiento y las demandas de esos estudiantes. Lo terrible es que ellos, que esperan que otros les paguen sus estudios, y que condenan a quienes están dispuestos a arriesgar su capital y su trabajo para crear instituciones educacionales lucrativas, cuando terminan sus carreras suelen o intentan convertirse en profesionales económicamente exitosos. Para ellos el lucro sólo es malo cuando lo persigue el otro. Eso se llama cinismo.

Este artículo fue publicado originalmente por el autor en su blog http://diegosanchezdelacruz.wordpress.com el 2 de julio de 2013.


viernes, 5 de julio de 2013

Mente de cazadores-recolectores


por Gabriela Calderón de Burgos

¿Por qué políticas públicas de comprobado fracaso siguen siendo populares? Una respuesta novedosa es aportada por la psicología evolutiva. Leda Cosmides y John Tooby de la Universidad de California en Santa Barbara lideran un centro de investigaciones que trata de comprender cómo ha evolucionado la mente humana. Los dos expertos, que recientemente visitaron Galápagos para participar en una reunión de la Sociedad Mont Pelerin, han llegado a la conclusión que seguimos pensando como cazadores-recolectores en un mundo moderno.1

Cuando los seres humanos vivían en sociedades de cazadores-recolectores (25-50 miembros), les convenía una serie de comportamientos que en una sociedad moderna son evidentemente contraproducentes. Por ejemplo, a los cazadores-recolectores les convenía centralizar la carne obtenida en las cacerías dado que no tenían tecnología para almacenarla, y conseguir la carne dependía mucho de la suerte que tenga cada cazador-recolector. Además, como todos sabían que de vez en cuando tenían una mala racha, podían “comprar” algo de carne para los días de “mala suerte” sacrificando un poco de carne en los días de “abundancia”. Aquellos que se esforzaban menos porque igual iban a obtener la misma cantidad de carne que los que trabajan más podían ser monitoreados de cerca y castigados si intentaban aprovecharse del trabajo de otros.

De la misma forma, el control de alquileres tiene sentido para nuestras mentes de cazadores-recolectores: Si un individuo es víctima de mala suerte, aquellos que tienen recursos de más —los propietarios de las viviendas— deberían compartir con los más necesitados y se debe utilizar la fuerza del Estado para castigar a los propietarios que violan esta regla de distribución.

Pero ya no vivimos en sociedades de pequeños clanes. El contexto ha cambiado radicalmente en un periodo muy breve de la historia de la raza humana. Ahora vivimos en sociedades donde nos relacionamos con un sinnúmero de personas anónimas.

En este contexto moderno, ¿realmente ayuda el control de alquileres a los que no tienen vivienda? Resulta que el control de alquileres tiene efectos secundarios no intencionados: desalienta la construcción de viviendas de alquiler y alienta a los propietarios de las viviendas existentes a evitar ofrecerlas en el mercado. La consecuencia es que se reduce o estanca la oferta de viviendas de alquiler y se disparan los precios de aquellas unidades ofertadas en el mercado negro.

No obstante, apoyar el control de alquileres hace que nosotros con nuestras mentes de cazadores-recolectores nos sintamos bien, aún cuando esta política esté perjudicando a los más necesitados.

Sin embargo, no estamos condenados a vivir como cazadores-recolectores desorientados en un mundo moderno. Desde Adam Smith, los economistas han comprendido que el intercambio voluntario entre individuos que buscan promover su propio bienestar y el de sus seres queridos, fomenta de manera sistemática —aunque no intencional— el bienestar social. Instituciones modernas como el dinero, los contratos y los derechos de propiedad privada permiten que individuos alrededor del mundo ya no dependan de una pequeña banda para sobrevivir, sino de una amplia red de desconocidos en los cuales confían para un sinnúmero de productos y servicios que hoy consideramos esenciales.

Pero lo que los economistas han comprendido, nuestras mentes no están diseñadas para reconocerlo de manera intuitiva. Por eso es de suma importancia domar nuestro cazador-recolector interno con una educación básica en economía.

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

Este artículo fue publicado originalmente en El Universo (Ecuador) el 5 de julio de 2013.

Referencia:

1. Cosmides, Leda. “Evolutionary Psychology, Moral Heurestics, and the Law”. Heuristics and the Law. 2006. Dahlem Workshop, Reporte 94. MIT Press, Cambridge, MA.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Bitcoin: ¿Acaso es delito?

por Eugenio Gómez Chico B
Mucho se ha escuchado últimamente sobre la subida y caída de precios de una moneda no centralizada llamada Bitcoin. Los cambios en su valor obedecen a distintos factores: especulación, familiarización de la gente con la moneda, expansión de entidades aceptantes, etc. Poco a poco Bitcoin se va volviendo una realidad del nuevo milenio en la esfera financiera.
Pero la idea de una moneda no controlada por el Estado no es algo nuevo. Digamos que el hecho de que tu dinero deje de valer de un día a otro por decreto ejecutivo no es algo que le gusta mucho a la gente. Así, por una u otra razón han surgido iniciativas de monedas acuñadas por entidades privadas que buscan facilitar el comercio y dejar de depender para su valor en un ente todopoderoso llamado el Estado. Hoy Bitcoin es la moneda de este tipo que más inercia tiene, sin embargo existen miles otras, algunas muy locales y otras no tanto. Ithaca Hours, Phoenix Dollars y Digital Gold Currency (DGC) son solo algunos ejemplos, y ante ellos ¿cómo reacciona el Estado?
Bernard Von Nothaus se despertó hace casi cuarenta años con la noticia de que Nixon había dado por terminado el sistema Bretton-Woods, y suspendió la convertibilidad del dólar en oro. Como a muchos, para Bernard este acto unilateral le pareció una vil confiscación de la capacidad de compra del individuo. Muchos se quedaron de brazos cruzados, él decidió actuar.
Von Nothaus decidió fundar la Organización Nacional para la Abolición de la Ley de Reserva Federal y la Ley Fiscal (NORFED) y en 1998 esta organización sacó al mercado una moneda descentralizada, los Liberty Dollars. Al inicio, esta moneda no era más que recibos por una cantidad de plata almacenada. En realidad, eran muy pocos quienes usaban estos recibos como circulante para pagar en transacciones. Siendo así, al gobierno no le quitaba el sueño lo que hacían estos locos. Pero los Liberty Dollars evolucionaron.
NORFED decidió comenzar a circular la plata que tenía en forma de monedas y emitió paralelamente billetes para facilitar las transacciones y aumentar el alcance de la moneda. En estos años, la Fed se dedicó a hacer lo que consideró conveniente, y el dólar americano comenzó a perder valor. Fue así como la popularidad de los Liberty Dollars despegó, pero no tardó mucho para que el gobierno parara el problema enarbolando el argumento que lo que hacía NORFED era falsificación. (En lo personal, no sé quién se confundiría entre los billetes verdes de la Fed y la colorida variedad de los Liberty Dollars, pero eso no es asunto que nos concierna ahora)
El FBI decomisó más de doscientos kilos de plata y toneladas de moneda, a la vez que comenzó un proceso en contra de Von Nothaus y compañía que tras cuatro años se ha convertido en condena. Bernard pasará veinticinco años en la cárcel, condenado como “terrorista local,” por haber querido hacerle competencia “en el país de la Libertad” al principal monopolio estatal, la acuñación del instrumento por el que se mide el valor de todo.
Ahora es Bitcoin quien está en la mira. Les doy la razón, ya comenzó a cobrar fama, más de la que pueden controlar. Si bien Mt. Gox, el principal bróker de Bitcoins con base en Japón, está “un poquito” fuera de la jurisdicción de EUA, lo cierto que ya comenzaron a limitar sus operaciones al prohibir a plataformas como Dwolla toda transacción con Mt. Gox.
Volvemos a la pregunta: ¿acaso es delito acuñar moneda de forma paralela al gobierno? La respuesta hoy, nos guste o no, es que sí es un delito según las leyes (protectoras del monopolio estatal) en la mayoría de los países del mundo. Que esto deba cambiar opino que sí; que lo vaya a hacer pronto… es otra historia.
¡Ya veremos qué pasa con Bitcoin!